El diccionario entre el fetichismo y el prejuicio
En español tenemos -para bien o para mal: acaso estas líneas ayuden al comunicador a decidirlo-el Diccionario. Así, con el determinativo y la mayúscula, que lo dan por único en su clase. ''No está en el Diccionario", se dice y es por cualquiera entendido, no importan las connotaciones...
Gorde:
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| Formatua: | article |
| Hizkuntza: | spa |
| Argitaratua: |
1996
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| Gaiak: | |
| Sarrera elektronikoa: | http://hdl.handle.net/10469/13080 |
| Etiketak: |
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| Gaia: | En español tenemos -para bien o para mal: acaso estas líneas ayuden al comunicador a decidirlo-el Diccionario. Así, con el determinativo y la mayúscula, que lo dan por único en su clase. ''No está en el Diccionario", se dice y es por cualquiera entendido, no importan las connotaciones puestas en juego. En nuestra lengua, la empresa de tener un diccionario autorizado fue un tanto tardía con respecto al francés -en ese siglo XVIII España lo medía todo con el metro galo-. Fundada la Academia Francesa en 1629, tuvo como su mayor empeño compilar un diccionario, y acabó por publicarlo en 1694. Enmendado y enriquecido, lo reeditó en 1718. Y en este tramo el francés conoció otras importantes tareas semejantes, desde el Diccionario francés-latino del abate Danet (1675) hasta el universal francés-latino, magna obra de los jesuitas del Colegio de Trevous (1721). |
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