Sobre el sentido de la muerte
S in la posible vivencia personal dé la muerte, nuestra experiencia procede de la muerte de los otros.Una serie de muertes están presentes: la muerte de la persona amada, que rne mutila y me desola; mi muerte en la persona amada, que me desestrzictura; las muertes parciales, hechas de pérdidas y aba...
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| Định dạng: | article |
| Ngôn ngữ: | spa |
| Được phát hành: |
2017
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| Truy cập trực tuyến: | https://revistadigital.uce.edu.ec/index.php/CIENCIAS_MEDICAS/article/view/712 |
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| Tóm tắt: | S in la posible vivencia personal dé la muerte, nuestra experiencia procede de la muerte de los otros.Una serie de muertes están presentes: la muerte de la persona amada, que rne mutila y me desola; mi muerte en la persona amada, que me desestrzictura; las muertes parciales, hechas de pérdidas y abandonos; y, mi iriuerte, que ineluctablemente llegará, aceptada por mi conciencia, pero inadmitida por mi ser vivo. La muerte, con sus múltiples presencias, participa inseparablemente de la vida. Sin embargo, nuestra cultura trata de soslayarla, de negarla. La presencia de la muerte o su alusión genera angustia y rechazo. Vivimos un acelerado proceso de individualización que hace que el hombre se encuentre cada vez más solo y desamparado; atrapaso en un sis tem a de producción, acumulación, rentabilidad.La familia tradicional, milenario sostén del hombre, hace crisis y amenaza desmantelarse. El hombre tiene el anhelo de vivir para siempre; pero también, a veces el de cesar. Frente al natural aferramiento a la vida, como grave gesto de reclamante ayuda, se presenta el suicidio: fenómeno complejo de seríete implicaciones, que requiere de comprensión y actitudes especiales. El implacable expansionismo tecnológico, en su vertiginoso movimiento ito, margina al hombre viejo y le deja, como opción cada vez más cierta., la institucionalización asilar, donde acabará solo sus solitarios días. El sistema nos ofrece, con sus maravillosos logros tecnológicos, la prolongación de la vida hasta extremos que van más allá de la dignidad humana. Ofrece lo que alguien llama “las usinas de cuidad o imponentes y fríos complejos de máquinas, que traducen en jeroglíficos una dudosa existencia del hombre, suprimiendo la posibilidad de una buena y digna muerte. Máquinas que con frecuencia son el indiferente compañero de la solitaria agonía del hombre. Estos milagros de sobrevivencia médica han cambiado la faz de la agonía y la muerte. En nuestra cultura occidental, la muerte es vista como un fracaso, como una limitación de las posibilidades de la tecnología. No se la admite como un suceso natural al que se llegará de todos modos, y para el cual debería prepararse el hombre a través de una vida realizada..: una buena muerte es, confrecuencia, el resultado de una buena vida. A yudar a nuestros pacientes, como propone Viktor Frankl, a encontrar el sentido de la vida en s u s varias expresiones, es ayudarlo a contemplar con armonía el irremediable paso hacia la muerte. |
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