La inteligencia emocional en el aprendizaje
Los padres suelen buscar un mismo propósito al decidir sobre la crianza y cuidado de sus hijos; proveerlos de estudios, ropa, juguetes, celebraciones, paseos o viajes, son atenciones para un fin común, que sus hijos sean felices. Sin embargo, la sociedad no presta suficiente atención al desarrollo d...
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| Autor principal: | |
|---|---|
| Formato: | masterThesis |
| Lenguaje: | spa |
| Publicado: |
2022
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| Materias: | |
| Acceso en línea: | http://dspace.casagrande.edu.ec:8080/handle/ucasagrande/3668 |
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| Sumario: | Los padres suelen buscar un mismo propósito al decidir sobre la crianza y cuidado de sus hijos; proveerlos de estudios, ropa, juguetes, celebraciones, paseos o viajes, son atenciones para un fin común, que sus hijos sean felices. Sin embargo, la sociedad no presta suficiente atención al desarrollo de la inteligencia emocional desde la primera infancia, y según lo plantean Goleman y Bisquerra (como se citó en Araque, 2015), al sistema educativo ecuatoriano le urge fortalecer los pilares de la malla curricular ordinaria, incrementando programas de pedagogía afectiva y promoviendo la importancia de la salud mental (p. 151). La percepción colectiva del éxito, está condicionada por los mismos factores y prioridades: poder adquisitivo, intelecto, competencia materialista, profesión, y en años más recientes, admiración y reconocimiento en plataformas digitales. Pero, ¿cuál es la importancia de educar en inteligencia emocional para la realización personal?, ¿los padres están criando hijos exitosos o felices? Desde siempre, se han simbolizado los sentimientos con un corazón y la razón con un cerebro, separando lo emocional de lo intelectual, pero nada está más distante de la realidad; ambos elementos se intercomunican a nivel cerebral, y lo más saludable es aprender a reconocerlos y gestionarlos juntos. Vigotsky (2004) afirmaba que “las sensibilidades superiores están vinculadas a todas las fibras de nuestro cuerpo, por eso no hay por qué dividir el enorme ámbito de las emociones en dos partes” (p. 213); dejando claro cómo los sentimientos y la razón están naturalmente conectados, y en constante interacción. Así también lo demostró Maslow (1991) en su teoría sobre la pirámide de necesidades, donde la búsqueda de afiliación (social) y de reconocimiento (afecto), están directamente relacionadas a la autorrealización y felicidad plena. Los vínculos afectivos ocurren desde el nacimiento, mucho antes de construir procesos cognitivos. Coll, Marchesi y Palacios (2014) priorizan el apego como el principal enlace emocional en la infancia; la sintonía y conexión que el niño establece con sus padres y cuidadores, determina su salud emocional y capacidad de adaptación, por lo cual es importante reconocer cómo el aprendizaje se condiciona según las emociones de cada experiencia en el ciclo vital. |
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