Plan de sistema de distribución de antídotos en las unidades operativas de salud del Ecuador
Es de suponer que desde el principio de la humanidad el hombre primitivo conoció los efectos adversos de los tóxicos. Así, en la búsqueda de sus alimentos, seguramente sufrió mordeduras o picaduras de animales ponzoñosos e ingirió una gran cantidad de material de origen botánico o animal, muchos de...
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| Автор: | |
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| Формат: | masterThesis |
| Мова: | spa |
| Опубліковано: |
2017
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| Предмети: | |
| Онлайн доступ: | http://dspace.uniandes.edu.ec/handle/123456789/5510 |
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| Резюме: | Es de suponer que desde el principio de la humanidad el hombre primitivo conoció los efectos adversos de los tóxicos. Así, en la búsqueda de sus alimentos, seguramente sufrió mordeduras o picaduras de animales ponzoñosos e ingirió una gran cantidad de material de origen botánico o animal, muchos de los cuáles le resultaron perjudiciales e incluso le causaron la muerte. Durante siglos ambos términos, tóxico y veneno, se emplearon como sinónimos, en el momento actual sin olvidar su contexto histórico y por ende la persistencia de sus nombres, convencionalmente se acepta que los tóxicos son sustancias químicas externas al organismo (xenobióticos), presentes en el ambiente que rodea a los seres vivos, de origen natural o antropogénico, en tanto que los venenos, también de naturaleza química, provienen de plantas o secreciones de animales.1 Se considera tóxico todo elemento o compuesto químico que introducido en el organismo es capaz de producir en un órgano o sistema lesiones estructurales o funcionales e incluso la muerte. Las intoxicaciones agudas constituyen un problema de salud potencialmente grave, que representa el 1-2 % de las urgencias médicas atendidas en los hospitales, y que, por su prevalencia desde edades muy tempranas, se convierten en una patología que produce un elevado número de años potenciales de vida perdidos. Las medidas generales de tratamiento en todas las intoxicaciones comprenden dos fases: la aplicación de medidas generales, sintomáticas y de sostén para salvar la vida del paciente, y una segunda fase denominada detoxificación, que tiende a prevenir la absorción del tóxico, a incrementar su excreción y su neutralización mediante el empleo de antídotos. Los antídotos constituyen un componente fundamental en el tratamiento de un paciente intoxicado, permitiendo contrarrestar los efectos nocivos del tóxico, acortando la estancia hospitalaria e incluso llegando a salvar la vida del intoxicado. La existencia de botiquines en la que se disponga de una guía de antídotos, aumenta la calidad en la asistencia al paciente intoxicado. Existe suficiente evidencia científica que demuestra que el uso de carbón activado, con carácter general, es un buen antídoto con escasos efectos secundarios. |
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